El ejemplo de Sandino y la crisis actual


“La revolución es purificación”, dice Sandino. Una afirmación categórica que resume la ética de su lucha de liberación pero también el alto nivel de conciencia nacional adquirido a través del conocimiento de las luchas históricas del pueblo de Nicaragua contra la dominación extranjera.

Porque para Augusto C. Sandino la revolución demanda no sólo la purificación individual —la creación del hombre nuevo, como se diría después— sino también de la purificación colectiva, como pueblo; para depurar la identidad nacional, deslastrándola de los temores pero sobre todo de la vergüenza nacional inculcada por la opresión extranjera. “Nosotros debemos luchar sin descanso hasta vernos libres del imperialismo yankee, porque éste y su gobierno son enemigos de nuestra raza (…)” —dice Sandino.

Una purificación ejemplar que desborda las fronteras patrias, allegándose la solidaridad militante de los pueblos de la tierra, tal como lo logró Sandino y posteriormente la Revolución Popular Sandinista. Por la misma razón, sin embargo, una purificación que concita la escalada de la agresión extranjera, directamente de quien la lleva a cabo e indirectamente de las potencias que lo apoyan, casi todas del Norte.


Y la opresión extranjera tiene mil caras. Algunas a la vista de la nación y del mundo, como la intervención militar directa, y otras poco visibles, y hasta invisibles, como la intervención económica, los condicionamientos políticos, la transculturización. Sandino vivió ambas experiencia y logró señalar la segunda para alertar a las siguientes generaciones acerca de las dificultades de combatirla. Porque, dice Sandino “la intervención política y económica el pueblo la sufre, no la mira y lo peor, no la cree. (carta a Gustavo Alemán Bolaños del 16 de marzo de 1933).

La revolución popular sandinista

La primera etapa de la Revolución Popular Sandinista estuvo marcada por la intervención militar directa. Por interpósita mano, es verdad, pero demasiado visible para ser negada por nadie, incluso por quienes actuaban como interpósita mano. Los patricidas, como les llama Sandino.

Como la guerra de liberación de Augusto C. Sandino, la revolución-purificación sandinista también lo fue de los pueblos de la región, de los pueblos del Sur, y de los sectores más conscientes de los de Norte. Fue esta purificación de la solidaridad internacional la que actuó como muro de contención de la intervención militar directa, sin intermediarios.

Pero la izquierda mundial entró en crisis con el derrumbe del llamado socialismo real. El pueblo de Nicaragua fue vencido por el temor, pero no el sandinismo, que quedó vivo.

Los partidos y organizaciones políticas de izquierda también se desmoronaron, afectados por el síndrome del converso: algunos líderes renunciaron a sus convicciones, negaron su militancia revolucionaria convencidos de la derrota definitiva de la revolución mundial: se rindieron y se vendieron, retirándose para siempre, minando con su deserción la conciencia del pueblo.

Así arranca el gobierno de la segunda etapa de la revolución. Muy afectada porque el país sufrió la imposición imperial neoliberal por diecisiete años: echando atrás todo lo andado, incluso en materia de conciencia individual, reviviendo el individualismo, obligando a una buena parte de la población a acomodarse al capitalismo rampante, a la insolidaridad. Facilitándole el trabajo a la opresión extranjera.

Por eso, la segunda etapa de la revolución que hoy vive el pueblo nicaragüense está marcada por la intervención invisible, que el pueblo sufre pero no la ve. Una intervención ahora invisibilizada en forma infinitamente más eficaz que antes, a través de los medios de comunicación masiva, todos controlados por la derecha internacional.

Pero también esta segunda etapa de la revolución sandinista arranca en medio de la nueva revolución independentista de América. Una revolución que convoca a todos los pueblos y con un liderazgo hecho poder en varios países de la región. Una revolución que si bien sufre las secuelas de la intervención invisible también está desarrollando los medios para visibilizarla, para consolidar la conciencia revolucionaria de los pueblos.

El pueblo nicaragüense, sin embargo, aún tiene dificultades para integrarse plenamente a esta segunda revolución independentista debido a los estragos del neoliberalismo. En primer lugar el activismo de los conversos, que capitalizan su anterior actuación revolucionaria para actuar como “sandinistas”, en contra de la revolución sandinista y de la revolución regional y del Sur, a favor del imperialismo norteamericano y sus socios del Norte. Una burda contradicción invisibilizada magistralmente por los medios de comunicación.

La revolución y la crisis del capitalismo global

Un retraso en la integración del pueblo de Sandino a la revolución latinoamericanocaribeña potenciado por la crisis sistémica del capitalismo global, que lo mantiene sumido en una depresión profunda, incontrolable, interminable, que arrastra inmisericordemente a los países del Sur. Utilizada inclusive como escalada de la agresión capitalista contra la nueva revolución independentista de América, que el pueblo no la mira y no la cree aunque sí la sufre —como dice Sandino.

Frente a esta decadente realidad del capitalismo global, América Latina y El Caribe asumen el reto de escalar también su lucha por la segunda independencia, incrementando los esfuerzos unitarios orgánicos alrededor de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América. Un proyecto unitario anterior a esta nueva gran depresión capitalista.

Una escalada que reivindica las luchas históricas de cada pueblo de la región, de manera especial la guerra de liberación de Augusto C. Sandino, y por supuesto de la revolución cubana.

No hace falta repetir el aporte de Sandino al pensamiento libertario de Nuestra América. Pero sí es obligado recordar cómo llevó su revoluciónpurificación hasta las últimas consecuencias para derrotar al interventor extranjero —en circunstancia que ahora se repiten tercamente contra Nicaragua:

“Los piratas yankees —dice Sandino— nos están asesinando en plana luz del día y en presencia de todas las naciones que en todas las épocas se han distinguido como conquistadoras y esclavistas, tales como Inglaterra, Alemania, Francia e Italia.

Parece que todas estas naciones, así como España, tienen algún secreto convenio de hacerse sordas ante los lamentos que exhalan los países débiles cuando se encuentran bajo la bota brutal de alguna de ellas.

Por eso es que este Mando lanzó una circular a todos los cónsules de las naciones referidas, haciéndoles saber que en este segundo año de guerra contra los piratas norteamericanos correrán la misma suerte todos los extranjeros en referencia, hasta que ellos, unánimemente, pidan que se respete nuestra soberanía, obligando a los invasores a desocupar nuestro territorio, para que nosotros podamos elegir libremente nuestro gobierno nacional.

Cuando esto suceda todos los extranjeros tendrán garantía en nuestra tierra, siempre que se sujeten a nuestras leyes y no se nos impongan como lo hace en el África y en algunos países de parias que han quedado en la América Latina.
(Carta a Froylán Turcios del 8 mayo de 1928).

Y un año antes Sandino había afirmado que su lucha sólo terminaría con su vida. “Cuando ya entré a formar parte del movimiento constitucionalista lo hice con el firme propósito de tener Patria Libre o Morir. Y como no hemos conseguido libertad efectiva, ni tampoco he muerto, continuaré en nuestro firme propósito de luchar contra ustedes.” (Carta a G. D. Hatfield, jefe interventor militar, del 12 de julio de 1927).

Y … ¡Sandino vive en el Frente Sandinista de Liberación Nacional!

Aldo Díaz Lacayo

Extraído de Cuba Debate.

~ por LaBanderaNegra en Julio 23, 2009.


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